El mundo le declara la guerra al plástico

Junto con la eficiente e imparable velocidad a la que se difunden las noticias en nuestros tiempos de internet, los informes sobre la preocupación que el cambio climático genera en todos los ámbitos de la sociedad han hecho que cada vez un mayor número de personas despierten su interés por las causas y consecuencias del deterioro medioambiental.

Recientemente, se ha descubierto que los plásticos y microplásticos son una de las principales amenazas, ya que se esparcen por el aire, giran en los mares y luego de ser comidos por la fauna marina, tienen la capacidad de contaminar nuestra comida y, por lo tanto, de afectar la salud humana.

Aunque para nosotros es un tema relativamente nuevo, la comunidad científica viene advirtiendo desde hace un par de décadas acerca de las consecuencias del uso desmedido de este material, centrados en problema principal del plástico: se trata de un material muy duradero que, al descomponerse, se rompe en pedazos cada vez más pequeños que tienen la capacidad de subsistir en el ecosistema.

Por ejemplo, científicos de la Universidad de Strathclyde en Glasgow, Escocia, han detectado que los peces pequeños están empezando a confundir el microplástico con sus presas. Aunque las afectaciones del microplástico en la salud de los animales marinos continúa en investigación, se teme que se trate de consecuencias tan negativas como las generadas por los plásticos grandes, que han demostrado tener la capacidad de obstruir sus sistemas digestivos y afectar el funcionamiento de sus órganos.

Algo similar sucede cuando las personas ingieren micro partículas de plástico. Se estima que la mayoría de las que ingerimos pasan de manera prácticamente imperceptible por nuestros cuerpos; sin embargo, éstas podrían acumularse y estar abriéndose paso a través de nuestras paredes intestinales e incluso, se teme que puedan atravesar la barrera hematoencefálica, encargada de evitar que las toxinas halladas en la sangre lleguen al cerebro.

La sobre acumulación de basura es otro de los problemas que el uso del plástico fomenta. Sin embargo, reducir la emisión de este tipo de desechos es el primer paso para evitar la cadena de contaminación y difícil manejo que empieza con este material. Para la ciencia es sencillo: tenemos que dejar de usar tanto plástico.

Esto significa exigir a las empresas que dejen de producir envases, envolturas y cualquier otro tipo de artículo que implique plástico de un solo uso, y que empiecen a utilizar materiales biodegradables y reutilizables. Como consumidores, nuestra tarea es reducir al máximo el consumo de los productos que involucren piezas de plástico desechable.

Aunque en teoría suena bastante sencillo, los hábitos de consumo que mantenemos pueden hacer que lograrlo sea más difícil de lo que parece. Sin embargo, la guerra contra el plástico ya inició, y es necesario que nos organicemos para ganarla antes de que los efectos nocivos de la contaminación nos venzan a nosotros, afectando nuestra salud y la armonía de nuestros ecosistemas.

Sabemos que los artículos de plástico son muy útiles y en algunos casos como en la medicina son incluso necesarios, así que lo más probable es que nunca los eliminaremos por completo. En estos casos, debemos asegurarnos de aprender y transmitir métodos correctos para su manejo, y principalmente, para su reciclaje, y con ello evitar que sus residuos se viertan en el ambiente.


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