¿Por qué una mayor inversión en transporte público disminuiría la contaminación?

A lo largo de nuestras vidas, mucho hemos escuchado sobre cómo la contaminación ambiental deteriora nuestro entorno y nuestra salud, figurando cada vez con mayor incidencia entre las causas de muertes que pudieron ser evitables.

Todo esto, sin duda, nos ha hecho preguntarnos en más de una ocasión qué podemos hacer para mejorar la calidad del aire que respiramos, del agua que consumimos y, en general, para cuidar nuestro planeta.

Uno de los cambios más sencillos de realizar, y con el cual podemos empezar a ser medio ambientalmente responsables, es disminuyendo la emisión de contaminantes con el uso del coche, optando por trasladarnos en alguna modalidad del transporte público como taxi, autobús o metro.

Esta acción, que para muchos es un sacrificio y para otros no tiene importancia, genera importantes beneficios tanto en nuestra salud física, como en la colectividad, pues el simple acto de dejar estacionado el coche y movilizarse con una opción alternativa contribuye con la disminución de la contaminación del aire.

También disminuye la contaminación auditiva y por lo tanto el estrés, y al haber menos conductores baja la tasa de riesgo de sufrir lesiones en el tráfico, mientras se mejora la equidad y la accesibilidad para personas que no tienen automóvil.

Mención aparte merece el hecho de que el uso del transporte público está asociado con una mayor actividad física, ya que para acceder al servicio las personas suelen caminar más o utilizar algún otro medio como la bicicleta, por ejemplo, y, por lo tanto, ayuda a disminuir la obesidad y a mejorar la salud física en general.

Volviendo al tema que nos ocupa, reducir las emisiones de contaminantes atmosféricos es posible si agrupamos a muchos pasajeros en un solo vehículo. Esa es la principal aportación del transporte público.

Sin embargo, en muchas ciudades de nuestro país, los beneficios del transporte público son opacados por sus deficiencias. Entre sus principales problemas se encuentran los vehículos viejos y en mal estado y una planeación de rutas poco eficiente, así como la escasez de unidades para satisfacer la alta demanda del servicio.

Entonces, para los habitantes de los lugares en los que el transporte público no representa una opción limpia, segura y eficiente para garantizar traslados puntuales, utilizar autobús o taxi, por ejemplo, está lejos de ser una buena idea, y resulta mejor asegurarse de llegar a tiempo llegando en automóvil.

Invertir o aumentar la inversión destinada al funcionamiento del transporte público puede solucionar estos problemas. Como en un efecto dominó, al convertirse en una opción viable y eficiente de movilidad, un mayor número de personas optaría por desplazarse en unidades del transporte público, disminuyendo así el tránsito vehicular y con ello, bajarían también las emisiones de contaminantes al ambiente.


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